Trabajo eficaz e intensamente en controlarlo todo para que “nada malo” me asalte en ningún instante de mi existencia asegurando así que únicamente lo “todo bueno” me sorprende en el camino. Qué chulo, no? Pero hasta yo reconozco que suena a pobre y que apesta a restricción.
Recuerdo que en otros tiempos “más adolescentes”, en mi casa de Torrelavega, en casa de mi Madre, la sorpresa estaba pegada a cada minuto del día. Cualquiera (vecino, amigo, vendedor, comprador, intruso o pícaro …) podía “tocar el timbre” y ahí empezaba la novedad; mala, buena o regular, pero novedad al fin y al cabo. La gestión posterior ya era cosa tuya.
Hoy, en el piso 14º, nadie viene sin avisar, o en honor a la verdad, nadie se atreve a venir sin antes haberlo pactado conmigo; entre otras cosas porque es requisito indispensable para poder franquear el inexpugnable operativo de seguridad de la urbanización que acoge este catorceavo.
Hoy controlo todo para que “nada malo” me asalte.
No pretendo cambiar de modo radical esta excelente metodología que se demuestra genera notables resultados, y que además ya está extrapolada a cada rincón de mi diaria. Ahora bien, el deseo de mejora continua me dice que no debo conformarme. Sospecho que la definición de “nada malo” versus “todo bueno” podría estar contaminada por una humana pero exagerada necesidad de seguridad y comodidad que a veces aplaza “sine die” el inicio de la aventura del necesario cambio. (Asumido ya que es axioma que lo estático debería ser solo tu ataúd).
La apuesta es meter en la ecuación del control la independencia que te brinda el ser capaz de digerir como buen alimento del alma “lo malo” (el fracaso, por ejemplo). Y esto debería permitir echar abajo algunas de las barreras tradicionalmente inexpugnables de seguridad, dando paso a la inesperada y ansiada visita. La base firme que avala esta posibilidad es la voz, esmerada en el buen conocimiento de la realidad (si, la experiencia), que nos dice por patrón que lo extraño y extraordinario es justamente lo malo. En definitiva, que se puede y se debe asumir mayor riesgo aunque sea a sabiendas de gestionar más cantidad de la temida incertidumbre.
Por cierto, y para acabar de decidirme, yo ya se que no hay nada más bello (en la acepción de gratificante) que arriesgarse, cagarla, y así todo, ver como no te mueres.
Así que, déjame hoy que justamente hoy tampoco deje de arriesgarme.
P.S.-1. Por cierto, Justo por todo esto es este Blog.
P.S.-2. Por cierto, fue también en un 14º, pero de un hotel, habitación 1403, donde se cargaron a Couso.
P.S.-3. Por cierto, el primer post de un Blog suele ser una mierda.
Justo
domingo, 18 de enero de 2009
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